Hormigas peligrosas
Los furcios que comete en sus tan aburridas como vacías peroratas la señora de Kirchner en su afán de demostrar en público una ilustración que por cierto está lejos de tener ya deben haber superado a los del inefable ex-presidente Menem que por lo menos tenía la prudencia de no mandarse la parte de ser un brillante intelectual.
La última metida de pata de la secretaria itinerante de Kirchner a cargo del Poder Ejecutivo consistió en adjudicar a un economista premio Nobel la frase de otro, y viene a cuento en esta nota por su relación con otro de los desaguisados monumentales que ha obsequiado a los argentinos la pareja que habita en las nubes de Olivos.
Cristina, que sabe tanto de economía como de castrar monos quiso demostrar su versación en la materia citando la genial clasificación de los sistemas económicos que acuñó el economista ucraniano Simón Kuznets premio nobel de economía 1971 en la que distinguió a los países desarrollados, subdesarrollados, Japón y Argentina, ambas estas últimas totalmente fuera de todo parámetro, la primera por ser inexplicable por la ciencia como un país con tan pocos recursos pudo ser tan rico y la segunda viceversa.
El problema es que la señora de Kirchner citó como autor de la frase a Paul Samuelson transfiriéndole alegremente el copyright de la reflexión citada, lo que no es extraño dado que Samuelson fue – en la época en que la señora era una mediocre estudiante de derecho en La Plata – la referencia obligada en la materia Economía Política de la carrera de abogacía, en cambio Kuznets es desconocido para la mayoría de los vulgares mortales especialmente los que carecen de formación en la especialidad como la susodicha.
Pero yendo al punto que interesa a esta nota, quizás Kuznets nunca imaginó que su apotegma se extendería a otros campos, por ejemplo el de la salud, porque la Argentina debe ser el único país en el mundo que frente a una de las pandemias mas peligrosas de la historia reciente tiene como Ministra de Salud a una …. licenciada en arte.
Está bien que la medicina sea el arte de curar pero la relación entre ambas termina allí. Y de nada sirve la chirle explicación que destaca la capacidad de los equipos técnicos que acompañan a “la hormiguita” Graciela Ocaña en su gestión, porque cualquiera que haya ejercido un cargo de alto rango sabe que si un funcionario jerárquico tiene que depender totalmente de la ciencia y la experiencia de subordinados para tomar las decisiones difíciles que inexorablemente están ligadas a su función no puede permanecer un minuto más en su despacho.
Y volviendo a las frases populares, aquí la culpa de este desatino la tienen tanto el chancho como el que le dio de comer, porque si bien quien la nombró lo hizo por razones que nada tienen que ver con la idoneidad para la función, nadie puede ser tan irresponsable de permanecer en un cargo que ostensiblemente no está en condiciones de ejercer poniendo en riesgo la vida de miles de personas a menos, claro está, que se llame Graciela Ocaña y esté convencida de que el espíritu santo le aportará los conocimientos que no tiene ni tendrá jamás sobre la medicina sanitarista.
El aquelarre que se vive en clínicas, sanatorios y hospitales de casi todo el país desbordados por una demanda intensiva – que era previsible y controlable – natural en el contexto caótico desatado por la contagiosidad de la peste tiene la marca de la imprevisión, la inexperiencia y la arrogancia de una hábil trepadora mantenida irresponsablemente en el cargo por un gobierno que hace agua por los cuatro costados mientras la sociedad se calla la boca y muere gente que paga la cuenta de tanta ineficacia.
V. Carbone | 26 de junio de 2009
O sos muy hijo de puta o no tenes ni idea sobrelo que te hacen escribir.